Sin libertad de expresión puede haber arte, siempre y cuando haya artistas que se la jueguen y asuman ser condenados. Un estado que persigue a los artistas se equivoca sistemáticamente. El arte, por definición, es subjetivo, y por tanto, puede y debe ser en ocasiones, rebelde, corrosivo, molesto y, sobre todo, auténtico.

Lo peor de una sociedad como la española, en donde últimamente se atropella legalmente a los artistas, es que provoca la autocensura de otros muchos temerosos de que la tomen con ellos. Además, cuando hablamos de literatura, es muy arriesgado condenar, censurar y juzgar las palabras del libro.

Los jueces y legisladores dudo que en todo caso sean capaces de descifrar los contextos, ironías, contradicciones y el ánimo de hacer reflexionar que puede tener una obra.

Los libros no son peligrosos en sí mismos, menos aún la literatura, el peligro se halla en los lectores mal educados y mal leídos (de la misma manera que esos estultos defensores de las armas culpan a los usuarios de los fusiles de asalto y no al propio fusil, que al parecer es un inofensivo abrenueces).

Veamos, un error frecuente es tomar al narrador por el escritor o escritora. El narrador de una obra es un ente de ficción como los propios personajes, confundirlo supone caer en un error tan grave como tomar por psicópata a una escritora de un libro de asesinatos narrados en primera persona.

Las novelas pretenden sumergirnos en las mentes de los más dispares personajes. El juego a veces supone retratar a seres odiosos, y es preciso que sean odiosos. ¿Censuraremos ahora que un personaje X sea machista, cruel, xenófobo, etc.? ¿No se ve que retratar una parte del complejo espectro de la realidad no significa fomentarlo?

La libertad de expresión debe tener límites, claro, pero un artista no debería tener que preocuparse por ellos, o dejaría de ser artista. Hay que buscar un cierto equilibrio entre que uno no vilipendie al vecino de manera impune y que pueda crear arte sin preocuparse que la iglesia (la que sea), el estado o quien sea lo denuncie o condene incluso a muerte ( Houellebecq no puede moverse sin varios escoltas o sería asesinado).

Puedo entender que se meta en problemas un cantante que en un concierto grite: ¡Corred a robar bancos, romper cajeros y golpear al colectivo X!

Pero, sinceramente, se está perdiendo el norte. ¿Están midiendo a todos además con la misma vara? Sí, el rapero al que le han caído tres años y medio se pasó de la raya en algunos versos, pero, ¿a la cárcel con violadores, ladrones, asesinos y terroristas por ello? ¿Cuánto le cayó a los Mojinos por decir “¡Queremos pan, queremos vino, queremos al jefe colgado de un pino!”. Ah, nada, es verdad, que era de humor. Pues eso.

El arte es arte, y si se va de las manos, pues que se pague una multa y punto, pero no esta demencial persecución. Porque el arte es ficción, es fingimiento, es pose, es ironía, es hipérbole y exageración. Dudo que el rapero al decir lo del disparo a Sofía, promoviera que de verdad alguien tomara un fusil y la asesinara; sin duda había hipérbole en ello. Que es un delito a la corona, vale, lo que quieras, pero, ¿tres años de cárcel?

Aquí además hay otro factor: la repercusión. Si te cagas en todo pero no te lee ni tu madre, todo bien. Ahora, si de repente te da por hacerte político de un partido de izquierdas, véase Podemos, ojo a borrar rápido todos tus tuits. O si tu libro se convierte en un best seller, Código da Vinci, y hasta sacan película, excomulgado (no es broma, pasó).

Y ojo, pienso que esto va más allá de cualquier ideología. Gobiernos y jueces de izquierdas y derechas pierden la noción de la diferencia entre castigar injurias, calumnias o la incitación a lo que sea con coartar la libertad de expresión. Porque además, Internet derribó todas las puertas que tenía el campo, y cuando condenamos estos delitos, damos alas a sus autores, los volvemos mucho más visibles y populares.

Si se quiere minimizar el daño y compensar al ofendido, pues oye, una multita, un tirón de orejas y a casa, a seguir creando arte y cagándose en todo, que el arte a menudo es defecarse en todo y escandalizar a la plebe, porque sin escándalo, nadie se despierta; y si nadie se despierta, seguiremos adormecidos en el sueño de borregos adoctrinados y conducidos al matadero.

Apunte final: no es normal lo que me ha costado encontrar una imagen no sexualizada de unas manos atadas. Se nos ha ido de las manos ya la sexualización de la sociedad.

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