Había leído brevemente algunas de las dudas que los ciertos críticos tienen de que William Shakespeare fuera el autor real de las más de 30 obras que se atribuyen a su firma, a saber, Romeo y Julieta, Hamlet, Othelo y tantas otras. Pues bien, esta semana he visto un documental, El enigma Shakespeare, en donde se ahonda en esta cuestión y se ofrecen teorías conspiratorias incluso sobre la posible autoría de Marlowe, quien viviría varias décadas más de lo que se piensa, y la candidatura de otros autores de la época.

Cierto es que se ofrecen algunos datos que proporcionan lo que en las películas de juicios llaman una duda razonable. En verdad me han hecho plantearme algunas cuestiones y dudar. ¿Es posible que un autor de tan considerable talento no dejara ningún documento de su puño y letra en donde se haga referencia a sus obras literarias? ¿Resulta creíble que no haya ninguna carta, ni que en su propio testamento se hable de su aportación a la literatura y el teatro? ¿Cabe concebir que en la estatua que se le erigió en su pueblo natal (la actual fue una réplica posterior añadida) aparezca sujetando un saco, en lugar de una pluma?

Sí, sin duda todo esto me hace pensar, pero ante ello me surgen varias cuestiones.

La primera es que me pregunto si tras este empecinamiento en hallar al auténtico autor hay afán de historiador o en el impulso de esta búsqueda se esconde algo de desprecio hacia un autor sin tanta formación como otros. Me molesta sobremanera que uno de los argumentos que se esbocen sea que Shakespeare no recibió formación suficiente para escribir obras tan grandiosas. Me irrita porque este pensamiento da por supuesto que alguien no puede tener un talento innato o ser autodidacta y desarrollarse por su cuenta. Vuelcan toda la creatividad literaria en la formación, y no pienso que tenga por qué ser así.

Y por otra parte, me pregunto sobre la cuestión de la autoría. En la antigüedad la autoría de una obra no era tan relevante como hoy día, de hecho os autores se plagiaban unos a otros sin rubor alguno. Podríamos escribir muchísimos ejemplos de libros cuyo autor se desconoce o se duda: Beowulf, Mio Cid, El libro de buen amor, Lazarillo de Tormes, etc. Y el hecho de desconocer al autor, no desmerece la obra y no impide que sea analizada desde un punto de vista crítico, filológico o histórico. Es decir, sí, puede aportar información saber quién y cuándo escribió cada libro y nos gusta saberlo como si fueramos mirones o cotillas de la historia y la literatura; sin embargo, carecer de esta información, no es importante para entender la obra en sí misma, que es lo que pretende siempre un escritor. Ningun autor (o casi) pretende que comprendamos su creación en comparación a su biografía, es más, podría hasta molestarle. Porque cuando sí cree que es precisa esa información, se la ofrece al lector.

Por tanto, sea o no Shakespeare el autor de sus obras, para gran parte de la humanidad lo es y lo será, y eso no desmerece en absoluto su obra.

 

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