Black Mirror es una de las mejores series del momento y eso hoy día con tanta calidad en las series tiene mucho mérito. El secreto de su éxito no es un secreto, sino que se construye en pilares de gran calidad, dirección, actuación, música, producción y guion, de esto último voy a hablar.

Analizando la estructura de sus capítulos vemos elementos recurrentes de los que, como escritor, podemos aprender mucho. En estos guiones hay mucho trabajo y vamos a ver algunos de sus aciertos.

Primero hay una presentación de los personajes que pretenden ser creíbles, con defectos y deseos con los que empatice el espectador; después aparece una tecnología con la que estamos muy familiarizados hoy en día y que hay dado algún salto cualitativo perverso o corrupto que lleva de alguna manera a los protagonistas a sentirse atrapados; en algún momento puede aparecer la esperanza de una salvación; el desenlace suelo ser negativo o fatal y además de dejar al espectador con un amargo sabor de boca y quizás incluso algo parecido a una enseñanza. 

Lo mejor que aprendo de esta estructura es el devastador efecto que producen los finales crueles, se consigue algo parecido a la purga espiritual de la tragedia griega, pues los protagonistas en cierto modo se intuyen ligados a un final fatal.

En conclusión, es bueno maltratar al lector o espectador de vez en cuando con finales trágicos, pero sin abusar en su frecuencia, o se nos verá venir.

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