¿Qué es un cuento? ¿Cómo escribir un buen cuento? ¿Qué cuentos me interesan? A todo esto pretendo responder con una serie más o menos conexa de reflexiones o divagaciones, si me acompañas, lo descubrirás.

De los cuentos clásicos me gusta especialmente que, aunque estén influidos por estereotipos, pensamientos y la cultura de su época correspondiente, están liberados de los pensamientos de lo que hoy se tiene como políticamente correcto y si hay tras ellos alguna didáctica (especialmente cuando son morales o infantiles) es libre de puritanismo, sobreprotección y, en cualquier caso, con un sentido pragmático y una filosofía muy diferente a la actual, esto hace que los cuentos resulten, al menos en apariencia, artísticamente muy libres (incluso cuando van dirigidos a niños) y siempre muy estimulastes y sorprendentes desde nuestra óptica actual.

Hay muchísimas opiniones sobre qué debe tener un cuento en cuanto a su forma y contenido. Yo pienso que un cuento es un intento de crear la mayor obra artística en el menor espacio posible. Desde ese punto de vista, cualquier forma vale. Es cierto que hay unos cánones que se repiten y que suelen garantizar cierto éxito. Por ejemplo, un cuento breve suele ser como un chiste o anécdota: personajes sobre los que sabemos muy poco o están estereotipados, un comienzo que nos sitúa en una situación en la que de inmediato surge un problema, hay unas dificultades para su resolución y debe haber un final que sea del todo inesperado y que puede hacernos ver que habíamos hecho presupuestos erróneos al principio de nuestra lectura. Esa fórmula no falla, pero cansa. Una y otra vez repetida, cansa, aburre y deja de ser original.

Para mí hay algo que todo cuento de cualquier extensión debe tener: tiene que contar una historia que nos emocione y que tenga un principio y un final, incluso si es un final abierto. Puede ser un cuento sobre una libélula que se enamora de una mantis religiosa o puede ser la aventura de un devorador de planetas que viaja hacia el sistema solar. Da igual el tamaño y el tema de la historia, debe tener un final y contar algo, al menos para mí. Un cuento meramente descriptivo, que reflexione sobre la propia forma y sea un juego de palabras tras otro, vacío, para mí, puede ser poesía en prosa, un texto descriptivo, pero no un cuento.

Hay un aspecto muy positivo en los cuentos, gracias a su extensión. Que no se me malinterprete, no creoq ue sea tarea sencilla, en absoluto, no obstante, pienso que es más fácil escribir un cuento perfecto, de 10, que una novela perfecta. Puedes trabajar mucho un cuento de un folio, pulirlo, limarlo, dar muchas vueltas a la historia, buscar las palabras perfectas y que sea, desde todos los puntos de vista, un 10, y eso lo puede crear una persona que no tenga por qué convertirse en premio Nóbel de literatura. No obstante, lograr esto con una novela de 200 ó 300 páginas, si no más, está al alcance de muy pocos.

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Pienso que hoy día se escribe mucho, muchísimo, seguramente mucho más de lo que se lee. Y eso provoca que haya muchísimas personas que se dediquen a escribir cuentos. Y esto es curioso, no todo el mundo tiene la destreza para escribir un gran cuento. A menudo sucede que un gran novelista no escribe buenos cuentos. Un gran repostero no tiene por qué ser un gran cocinero. Para mí los cuentos son la repostería de la literatura. El cuentista es ese maestro que centro su esfuerzo y arte en crear un perfecto dulce que agradará a casi cualquier paladar, del más exquisito al menos exigente.

Recientemente leí un libro de cuentos de un gran novelista, de mis preferidos, que suele sonar para los premios Nobel. Ese libro no había por dónde cogerlo. Sus cuentos en realidad no eran más que evocaciones de vidas rutinarias de personas anodinas que parecían desdobles del autor sin ambición alguna. Parecía que los protagonistas supieran de la brevedad de su historia y lo imposible de lograr algo realmente valioso en ella.

Para escribir un buen cuento pienso que hay que contar una historia más o menos sencilla, en cuanto a que no deben aparecen más de una o dos tramas y si es más de una, tienen que estar cruzadas a ser posible; pero nunca debe ser una historia tan sencilla como para que no interese a nadie. Si fuera muy simple, habría que narrarla de manera tan cercana, divertida, talentosa y emotiva como para que atrape al lector. A mí me interesaría muchísimo un cuento sobre una chica que se queda sin papel en el váter en casa de los padres de su novio y su cuñada se ofrece a ayudarla, pero a un precio. Es una historia sencilla, cotidiana, pero que podría interesar, así creo que debe ser un cuento.

Algunos cuentos que me fascinan:

El milagro secreto de Borges

Alí Babá y los cuarenta ladrones

El gato negro, Edgar Allan Poe

Paradoja perdida, Fredric Brown

Robbie, Assimov

y un largo etcétera

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