El asunto es extensísimo y aquí haré tan solo una breve aproximación, que no es poco. La literatura en la antigüedad (excepto la lírica oral), está escrita por hombres. Un rasgo necesario para un escritor es su capacidad para ponerse en el lugar de otra persona e imaginar qué haría en determinadas situaciones, no obstante, es un hecho que todos los escritores no son capaces de ejercer bien esta función y cuando se ponen en la piel de un ente de ficción pueden caer en múltiples errores: describirlo no como es sino como le gustaría que fuera; reproducir los tópicos que la sociedad de su época tenga; idealizar a los personajes y no representarlos con realismo; y repetir arquetipos presentes en sus referentes literarios. Todos estos fallos pueden llevar al hombre cuando escribe una novela a representar en su obra a mujeres que difieren mucho de la realidad. A menudo en las literaturas remotas es imposible desligar la literatura de la moral y de la religión y lo que se nos muestra son arquetipos de la buena mujer frente al de la mala mujer, y esto, claro, está revestido de un enorme machismo. No se trata de que el escritor, voluntariamente, propague el machismo, sino que refleja el pensamiento de su época y de su persona, influido por su cultura y educación.

Los referentes religiosos y literarios del cristianismo, el islam y hasta la mitología griega, se sustenta en el mito y el tópico de la curiosidad como rasgo distintivo de la mujer que lleva a la perdición del hombre y la humanidad. Todo ello viene inspirado en un mismo mito con diferentes versiones: el de Pandora en la mitología griega y el de Eva en la religión católica y en el Islam. En adelante esa referencia de la mujer como perdición del hombre será constante.

Las mil y una noches es un recopilatorio de cuentos medievales en donde encontramos muchísimos ejemplos del pensamiento machista, patriarcal y estereotipado. Ya la historia de Sherezade que vertebra todos los cuentos es una historia que relata cómo dos reyes descubren lo infieles y astutas que son las mujeres y uno de ellos decide matarlas a todas (hasta que Sherezade le demuestra que es buena y astuta y la perdona a ella y deja de matar).  Sin embargo, a pesar del constante machismo y las referencias a los defectos de la mujer, es este libro descubrimos a personajes femeninos muy valientes y astutos que toman las riendas de la situación. En el cuento de “Alí Babá y los 40 ladrones”, uno de los mejores del recopilatorio, aparece el personaje de la esclava Mariana o Marjana, quien a mitad del relato se convierte en la protagonista que logra proteger a su amo y a su familia, siendo más astuta que los ladrones, derrotándolos y matándolos a todos a través de su valor e inteligencia. El premio de la esclava es que la adopten como hija y la casen con uno de los hijos de Alí, formando así parte de la familia. Hay que recordar que previamente se le ha hecho otro regalo a la cuñada de Alí Babá cuando pierde a su esposo, que es convertirse en la segunda esposa de Alí. Por buena, inteligente que sea una mujer en estos cuentos, no escapará del machismo de su sociedad patriarcal.

A medida que las sociedades avanzan y la mujer va teniendo algunos logros, los escritores se adaptarán a sus tiempos, pero mientras continúen siendo hombres quienes cuenten la historia, seguiremos asistiendo a obras en donde los arquetipos machistas y los tópicos impregnen todas las páginas de sus obras. Esto será así incluso en algunas obras escritas por mujeres pero, sin duda, no será hasta que las mujeres escriban literatura y se puedan permitir firmar con nombre femenino, cuando comiencen a superarse esos roles.

En la literatura actual cualquiera, hombre o mujer, puede escribir lo que quiera y, en teoría, deberían estar superados los tópicos de las sociedades machistas y sexistas de siglos atrás, sin embargo, la realidad es que muchos escritores, y algunas escritoras, siguen cayendo en tópicos y arquetipos que traslucen pensamientos de otra época y actitudes que parecen querer perpetuar los roles tradicionales sobre la diferencia entre géneros. No creo que se trate, ni de lejos, de coartar la libertad y creatividad literaria, pero sí pienso que sería bueno que tanto escritores como escritoras de vez en cuando se preguntaran sobre qué imagen de la mujer proyectan sus obras. Es bueno que los escritores sean conscientes de qué relatan y qué ideas transmiten, sean las que sean. Veo lógico que si se escribe una novela histórica basada en un periodo de machismo imperante, esa sociedad machista aparezca (evidentemente no habrá mujeres soldado si no lo había en la época). Sin embargo, sí hay que reflexionar si hablaremos de las mujeres que había en la época o si hablaremos de las mujeres que los tópicos machistas contaban que había, que son dos realidades muy diferentes. Que no se cediera un protagonismo al sexo femenino, no significa que no lo tuviera; no quiere decir que en múltiples facetas las mujeres no ejercieran importantísimos papeles incluso desafiando las limitaciones que les venían impuestas.

Creo que hay varios principios que escritores y escritoras no deben olvidar y es que escriben para sus lectores contemporáneos y, si acaso, para los del mañana; que deben ser fieles a la veracidad y a una idea artística y no dejarse llevar por tópicos, generalizaciones, tendencias o corrientes, especialmente, cuando están basadas en concepciones ya superadas en gran parte. El escritor puede pintar la sociedad en que vive y también puede mejorarla, pues la realidad la crean las palabras.

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