Esta es una frase que me gustaría tatuarme, si no en el cuerpo, al menos en el alma. Creo que es una filosofía de vida tremendamente válida y que nos ayuda a acabar con angustias y frustraciones al mismo tiempo que nuestra vida se dirige hacia algún sitio.

Me explico, es lógico que tengamos metas y objetivos a largo plazo: quiero ser un escritor reconocido, un deportista de élite, juez, médico… lo que sea. No obstante, en la búsqueda de ese ambicioso objetivo a largo plazo o de difícil consecución, podemos perdernos a nosotros mismos. Si los sacrificios son tantos, nos podemos amargar la vida y, sobre todo, si en algún momento creemos que no lograremos el objetivo, nos provocará gran infelicidad.

Pues bien, debemos saber descubrir que en ese camino, en ese trabajo, ya está nuestro objetivo, nuestra meta, nuestra felicidad. Messi, antes de ser un futbolista mundialmente conocido, labró un difícil camino, pero estoy seguro de que cuando de niño y adolescente jugaba al fútbol ya era feliz. ¿Y si jamás hubiera llegado a ser un futbolista de élite? Pues hubiera sido feliz jugando al fútbol, como tantísimos otros niños que juegan en equipos de fútbol por todo el mundo. De igual manera nosotros debemos disfrutar de este camino en sí mismo, no como vía a lograr algo que no sabemos si nos proporcionará la felicidad. La felicidad, la satisfacción por el trabajo y el esfuerzo, la tenemos ya aquí, cada día que trabajamos, mejoramos y obtenemos algún resultado.

El camino es la meta.

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